La expansión de especies vegetales o plantas invasoras constituye uno de los problemas ambientales más relevantes en numerosos ecosistemas del mundo. Estas plantas, introducidas accidental o deliberadamente fuera de sus áreas naturales de distribución, tienen la capacidad de propagarse de manera agresiva, alterando la biodiversidad local, desplazando a especies autóctonas y modificando procesos ecológicos esenciales como el régimen hídrico o la fertilidad del suelo.

Entre las plantas invasoras que más preocupan en diferentes regiones de Europa y América destacan el plumero (Cortaderia selloana) y el bambú japonés (Fallopia japónica), dos especies muy diferentes entre sí, pero que comparten una notable capacidad de colonización y resistencia.

Comprender su impacto y conocer las técnicas adecuadas para su eliminación resulta indispensable para la restauración de los hábitats afectados.

El plumero (Cortaderia selloana): una gramínea de alta capacidad colonizadora

El plumero, también conocido como plumero de la Pampa, es una planta perenne originaria de América del Sur. Su éxito como invasora se debe a su elevado número de semillas, su capacidad de adaptación a suelos pobres y su resistencia a períodos de sequía. En muchas regiones, especialmente en zonas costeras, taludes, áreas degradadas o bordes de carreteras, ha formado extensas poblaciones que compiten directamente con la vegetación nativa. Además, su estructura densa y afilada dificulta tanto el tránsito de fauna como las labores de mantenimiento.

El problema del plumero no es únicamente ecológico: al ser altamente inflamable, aumenta el riesgo de incendios, y su presencia cercana a zonas urbanas puede representar un riesgo adicional para la seguridad. Por tanto, su eliminación controlada es una prioridad en numerosos programas de restauración ambiental.

Métodos de eliminación del plumero sin herbicidas

Tradicionalmente, algunos programas han incorporado el uso de herbicidas para eliminar la planta, pero existen alternativas mecánicas y manuales que, aunque requieren más esfuerzo, resultan más respetuosas para el entorno.

El método recomendado consiste en:

  • Corte de las plumas o panículas antes de que maduren.

Esto impide la dispersión masiva de semillas y evita que la planta siga ampliando su área de influencia. Es preferible realizar este corte antes del final del verano.

  • Corte de la planta a ras de suelo.

Con herramientas adecuadas (desbrozadoras, machetes o sierras), se elimina la parte aérea de la planta. Esta operación facilita la manipulación posterior.

  • Arranque manual o mecánico del rizoma

El corazón del problema del plumero se encuentra bajo tierra. Su rizoma es extremadamente resistente y, si no se elimina, la planta vuelve a brotar con facilidad. El arranque debe ser profundo, asegurándose de extraer todos los fragmentos grandes del rizoma, ya que incluso trozos pequeños pueden regenerarse.

  • Soterramiento del material extraído.

Tras la extracción manual del rizoma, es fundamental soterrar todo el material orgánico retirado. Este paso evita que restos vegetativos permanezcan expuestos y puedan volver a arraigar accidentalmente. Lo habitual es depositarlos en zanjas profundas, cubriéndolos con tierra suficiente para impedir la entrada de luz y la posibilidad de rebrote.
Otra opción, cuando se trabaja a nivel municipal o en grandes extensiones, es el traslado controlado a vertederos autorizados o centros de compostaje industrial que garanticen la destrucción completa del material.

Este método requiere constancia: tras la primera eliminación debe realizarse una supervisión periódica, especialmente durante los dos primeros años, con el fin de arrancar nuevos brotes y evitar la reinvasión.

El bambú japonés (Fallopia japonica): una de las invasoras más difíciles de erradicar

El bambú japonés es, según numerosos estudios, una de las plantas invasoras más dañinas y persistentes del planeta. Originaria del este de Asia, fue introducida en Europa por su aspecto ornamental y su rápido crecimiento. Sin embargo, estas mismas características la convirtieron en una amenaza ecológica seria.

A diferencia del plumero, el bambú japonés no se expande principalmente por semillas, sino por rizomas extremadamente vigorosos que pueden crecer más de un metro en un solo año y extenderse lateralmente varios metros bajo tierra. Estos rizomas son capaces de atravesar grietas en infraestructuras, canalizaciones y cimentaciones, generando daños costosos. Además, forma masas densas y sombreadas donde prácticamente ninguna otra planta puede sobrevivir.

Métodos de control y eliminación del bambú japonés

Debido a su enorme capacidad de regeneración, la eliminación del bambú japonés es un proceso largo y complejo. Entre los métodos más usados destacan:

  1. Excavación profunda

Se retira el rizoma a una profundidad que en ocasiones supera los 3 metros, ya que cualquier fragmento puede originar una nueva planta. Este método es eficaz, pero requiere maquinaria pesada y un manejo muy cuidadoso del material extraído.

  1. Sistemas de agotamiento por corte repetido

Implica cortar la planta en primavera y verano tantas veces como sea necesario para debilitar sus reservas internas. Si bien no la elimina de manera inmediata, puede reducir significativamente su vigor. Se trata de un proceso que puede extenderse varios años.

  1. Gestión segura de los residuos vegetales

El bambú japonés nunca debe depositarse en compost doméstico ni dejarse expuesto en superficie. Su tratamiento debe ser controlado, normalmente mediante su entierro profundo, el secado completo en instalaciones especializadas o el envío a vertederos autorizados.

Importancia de la restauración del ecosistema tras la eliminación

Eliminar una planta invasora es solo la mitad del trabajo. Tras su retirada, el espacio liberado queda vulnerable a la recolonización, tanto por la misma especie como por otras invasoras. Por ello, es imprescindible acompañar el proceso con medidas de restauración:

  • Replantación de especies autóctonas, que compitan eficazmente por los recursos.
  • Protección del suelo mediante acolchados, mallas orgánicas o siembras de cobertura.
  • Monitoreo continuo durante varios años, evitando que la inversión inicial se pierda.

Estas acciones no solo devuelven estabilidad ecológica al lugar, sino que favorecen el retorno de fauna local y mejoran el paisaje.

Conclusión

La eliminación de especies invasoras como el plumero y el bambú japonés es una tarea imprescindible para preservar la biodiversidad y la funcionalidad de los ecosistemas. Aunque sus métodos de control requieren esfuerzo, planificación y seguimiento a largo plazo, los beneficios ecológicos y económicos resultan indiscutibles.

El plumero puede gestionarse eficazmente mediante técnicas manuales que no requieren herbicidas, siempre que se lleve a cabo el arrancado del rizoma y su posterior soterramiento. Por su parte, el bambú japonés presenta mayores desafíos, exigiendo estrategias persistentes y rigurosas para evitar su rebrote.

En definitiva, la lucha contra las invasoras no solo consiste en eliminarlas, sino en restaurar los espacios afectados y prevenir futuras colonizaciones. Solo así es posible garantizar la salud y resiliencia de nuestros ecosistemas.

Restauración fluvial del río Asón y afluentes en Ampuero y reducción del riesgo de inundación en las zonas urbanas cuenta con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), financiado por la Unión Europea – NextGenerationEU.