La creencia de que retirar los árboles y la vegetación de ribera puede evitar el desbordamiento de los ríos sigue presente en muchos territorios, especialmente después de episodios graves de inundación. En este artículo te explicaremos por qué eliminar el bosque de ribera no es una solución para evitar los desbordamientos de ríos.
A primera vista, puede parecer lógico pensar que, al eliminar obstáculos del cauce, el agua circulará más rápidamente y con mayor facilidad, reduciendo así el riesgo de que se formen tapones o se salga de su curso. Sin embargo, esta visión simplifica en exceso el funcionamiento de los ecosistemas fluviales y suele dar lugar a decisiones contraproducentes.
La evidencia científica y la experiencia acumulada en gestión de ríos demuestran que quitar los árboles y el bosque de ribera no solo no evita las inundaciones, sino que puede agravarlas y generar impactos ambientales y socioeconómicos significativos.
- El bosque de ribera: una infraestructura natural esencial
Los bosques de ribera son formaciones vegetales que acompañan a los cursos de agua y cumplen funciones ecológicas y físicas indispensables. No son elementos accesorios, sino componentes estructurales del sistema fluvial. Entre sus funciones más relevantes destacan:
Regulación del caudal
Las raíces profundas y la hojarasca del bosque de ribera permiten que el agua de lluvia se infiltre de forma gradual en el suelo. Esta capacidad de «almacenamiento» reduce el volumen de escorrentía directa hacia el cauce durante tormentas intensas. Cuando la vegetación desaparece, el suelo se compacta, se impermeabiliza y el agua llega mucho más rápido y en mayor cantidad al río, incrementando los picos de crecida.
Estabilización de las orillas
Las raíces actúan como un entramado que mantiene unidas las partículas del suelo, reduciendo la erosión. Si se retira la vegetación, las riberas se vuelven inestables, los taludes colapsan con mayor facilidad y el cauce se llena de sedimentos. Esto disminuye la capacidad hidráulica del río, favoreciendo que se desborde.
Retención y filtrado
El bosque de ribera atrapa sedimentos, evita que contaminantes y nutrientes lleguen masivamente al agua y actúa como un filtro natural. Sin esta barrera verde, las avenidas transportan mayor cantidad de sólidos que se depositan en el cauce inferior, aumentando el riesgo de inundaciones.
- La falsa idea de que “los árboles atascan los ríos”
Es frecuente escuchar que los árboles caídos o los troncos pueden formar barreras que obstaculizan el paso del agua, provocando inundaciones. Sin embargo, esta preocupación se basa en casos puntuales y no en la dinámica natural del río.
En condiciones normales, un río bien conservado integra la madera muerta como parte de su funcionamiento: crea refugios para peces, estabiliza el cauce y distribuye el flujo. Los problemas surgen principalmente cuando el río ha sido rectificado, canalizado o invadido por infraestructuras humanas (puentes estrechos, encauzamientos rígidos, muros). En esos contextos artificiales, cualquier elemento puede actuar como tapón.
La solución no es eliminar los árboles, sino corregir esas alteraciones y restaurar la morfología natural del cauce para que pueda gestionar la madera de forma segura.
- Eliminar la vegetación aumenta la velocidad del agua y el riesgo aguas abajo
Cuando se despejan las riberas, el agua circula más rápidamente. Esto puede dar una ilusión de eficacia local, pero traslada los problemas aguas abajo, donde el caudal llega más concentrado y violento. De esta forma, pueblos o zonas agrícolas que antes no sufrían inundaciones pueden empezar a padecerlas por una gestión incorrecta aguas arriba.
Los bosques de ribera, por el contrario, ralentizan el flujo, reparten la energía del agua e incrementan el tiempo de tránsito de las crecidas, lo cual contribuye a reducir los daños en zonas pobladas.

- Consecuencias ambientales de eliminar el bosque de ribera
Además del aumento del riesgo de inundaciones, retirar los árboles y la vegetación tiene un alto coste ambiental:
Pérdida de biodiversidad
Los ríos y sus riberas son corredores ecológicos esenciales. Albergan aves, mamíferos, anfibios, insectos y plantas especializadas. La eliminación de la vegetación deja sin hábitat a numerosas especies y fragmenta los ecosistemas.
Aumento de la temperatura del agua
La sombra que dan los árboles regula la temperatura del cauce. Sin ella, el agua se calienta más, reduciendo el oxígeno disuelto y afectando a peces como las truchas o barbos, sensibles a cambios térmicos.
Degradación del paisaje y pérdida de servicios ecosistémicos
Un río sin vegetación pierde sus valores recreativos, culturales, estéticos y funcionales. El bosque de ribera es una barrera natural contra el ruido, un sumidero de carbono y una protección contra la erosión, beneficios que se pierden con su eliminación.
- Soluciones correctas para reducir inundaciones
Si eliminar los árboles no es la solución, ¿qué sí funciona? La gestión moderna de ríos apuesta por soluciones basadas en la naturaleza:
Restauración de llanuras de inundación
Los ríos necesitan espacio para expandirse durante crecidas. Recuperar zonas inundables permite que el agua se distribuya y pierda energía.
Reforestación y protección de riberas
Aumentar la vegetación mejora la infiltración, estabiliza orillas y reduce la velocidad del agua.
Gestión responsable de la madera fluvial
En lugar de retirar toda la vegetación, se seleccionan solo elementos realmente peligrosos y se colocan dispositivos para dirigir la madera sin que afecte a infraestructuras.
- Conclusión: más naturaleza, no menos
La experiencia de numerosos países con políticas avanzadas de gestión de ríos es clara: la vegetación de ribera es parte de la solución, no del problema. Eliminar árboles para “que pase mejor el agua” es un enfoque obsoleto, que responde más a la impaciencia y al desconocimiento que a criterios técnicos.
Para convivir con los ríos, es necesario respetar su espacio, restaurar su equilibrio ecológico y gestionar las crecidas como procesos naturales, no como amenazas que deben combatirse. Los bosques de ribera son aliados fundamentales en esta tarea, y su conservación y restauración resultan imprescindibles para garantizar la seguridad hidrológica, la salud ambiental y el bienestar social.
Restauración fluvial del río Asón y afluentes en Ampuero y reducción del riesgo de inundación en las zonas urbanas cuenta con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), financiado por la Unión Europea – NextGenerationEU.
