La conservación de la biodiversidad en España requiere herramientas eficaces que permitan proteger los ecosistemas más valiosos y frágiles del territorio. Una de esas herramientas es la Zona Especial de Conservación (ZEC), figura jurídica establecida por la Directiva Hábitats de la Unión Europea. Las ZEC forman parte de la Red Natura 2000, una red ecológica europea destinada a garantizar la supervivencia de las especies y hábitats de interés comunitario. En estas áreas, la conservación se integra con el uso sostenible del territorio.
Las ZEC no son espacios vedados a la actividad humana, sino territorios donde el desarrollo debe ser compatible con la preservación del medio natural. En ellas se promueven planes de gestión que equilibran conservación, actividades productivas y servicios ecosistémicos. Estos espacios representan un compromiso entre naturaleza y sociedad al proteger lo que es esencial para la vida sin renunciar a los beneficios sociales, culturales y económicos que ofrece un entorno bien conservado.
En la zona oriental de la comunidad autónoma de Cantabria, destacan dos ZEC especialmente relevantes, el ZEC del río Asón y el ZEC de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel. Estos espacios albergan hábitats fluviales y costeros de enorme valor ecológico, y son hogar de una rica biodiversidad de flora y fauna. Ambos forman parte de una red natural interconectada en Ampuero que representa un auténtico tesoro ecológico en el norte de España.
¿Qué es una ZEC y qué protege?
Una Zona Especial de Conservación (ZEC) es un espacio natural declarado por los Estados miembros de la Unión Europea como parte de su compromiso con la Directiva Hábitats (92/43/CEE). Esta figura tiene como finalidad garantizar el mantenimiento o la restauración favorable de determinados hábitats y especies de interés comunitario. A diferencia de otras figuras centradas en un solo grupo de fauna, como las ZEPA enfocadas en aves, las ZEC están diseñadas para proteger ecosistemas completos y la diversidad biológica que contienen.
El proceso de designación de una ZEC se basa en criterios científicos rigurosos. Tras la propuesta inicial como Lugar de Importancia Comunitaria (LIC), el espacio debe aprobar un plan de gestión que defina objetivos, medidas de conservación y usos permitidos. Este plan puede incluir acciones como la restauración de riberas, la regulación de actividades ganaderas, el control de especies invasoras o la protección frente a infraestructuras que fragmenten hábitats.
Las ZEC protegen hábitats como bosques de ribera, praderas húmedas, turberas, marismas, sistemas dunares y fondos marinos. También incluyen especies animales y especies vegetales endémicas, haciendo que la conexión entre espacios protegidos permite el desplazamiento y la supervivencia de muchas de estas especies.
ZEC del río Asón – Un corredor ecológico fluvial
El ZEC del río Asón abarca uno de los sistemas fluviales mejor conservados del norte de la península ibérica. Este río, nacido en la sierra del Hornijo, desciende hacia el mar Cantábrico atravesando un valle estrecho de gran belleza y diversidad biológica. A lo largo de su curso, el Asón mantiene una estructura natural con meandros, bosques de ribera, pozas, rápidos y pequeños humedales. Esta heterogeneidad convierte al río en un corredor ecológico primordial para múltiples especies.
Entre los hábitats más relevantes del ZEC del Asón destacan los bosques de aliso y fresno, las praderas de siega húmedas y los tramos fluviales con vegetación acuática. Estos ambientes ofrecen refugio, alimento y zonas de reproducción para especies emblemáticas como la nutria (Lutra lutra), el desmán ibérico (Galemys pyrenaicus) y diversas especies de peces autóctonos como el piscardo o el salmón atlántico. La buena calidad del agua y el bajo grado de alteración hidrológica son clave para el mantenimiento de esta biodiversidad, haciendo que el proyecto de restauración fluvial del Río Asón y afluentes en Ampuero y reducción del riesgo de inundación en las zonas urbanas sea fundamental.
Además de su valor ecológico, el río Asón tiene una gran importancia social y cultural. A lo largo de su cauce se desarrollan actividades agrícolas tradicionales, descenso de canoas, pesca recreativa y observación de fauna. El ZEC permite conservar estos usos, siempre que sean compatibles con la protección del ecosistema.
ZEC Marismas de Santoña, Victoria y Joyel – Biodiversidad entre el mar y la tierra
El ZEC de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel es otro de los humedales más importantes del norte de España. Este complejo estuario y marismeño se extiende por más de 6.600 hectáreas y alberga una gran variedad de hábitats costeros como marismas salobres, canales intermareales, dunas, praderas marinas y lagunas litorales. La interacción entre agua dulce y salada crea un ambiente de alta productividad biológica, esencial para miles de aves y otras especies.
Entre las especies que encuentran refugio en esta ZEC destacan el zarapito real, el chorlitejo grande, el ánade silbón, el cormorán grande, la garza real y la espátula común. Además, el humedal alberga importantes poblaciones de peces, crustáceos e invertebrados, lo que lo convierte en una pieza básica del ecosistema litoral cantábrico. La riqueza vegetal también es notable, con comunidades halófitas, carrizales y juncales que protegen la línea costera y proporcionan refugio a la fauna.
Este espacio no solo es clave para la conservación ecológica, sino también para la vida humana. Las marismas actúan como filtros naturales de agua, amortiguan las inundaciones, capturan carbono atmosférico y sostienen actividades como la pesca artesanal, el turismo de naturaleza y la educación ambiental.
Conectividad ecológica y beneficios de conservar los ZEC
La conservación de espacios naturales no puede entenderse como una suma de áreas aisladas. Por eso, uno de los pilares del concepto ZEC es la conectividad ecológica, es decir, permitir que especies vegetales y animales se desplacen, se reproduzcan y mantengan poblaciones sanas entre diferentes hábitats. En Cantabria, el corredor entre el ZEC del río Asón y el ZEC de las Marismas de Santoña es un ejemplo perfecto de esa conexión entre sistemas fluviales y costeros, que beneficia a especies migratorias y residentes por igual. En este contexto, ambos ZEC confluyen en el municipio de Ampuero, haciendo que la conectividad fluvial sea un punto imprescindible para fomentar un ecosistema total.
Los corredores ecológicos aseguran la resiliencia de los ecosistemas frente a las perturbaciones del clima, la presión humana, las inundaciones o los incendios forestales. También permiten el flujo genético entre poblaciones, clave para la adaptación evolutiva. En el caso de la zona oriental de Cantabria, la integración entre espacios de interior y litorales favorece procesos como la migración de peces, el ciclo del agua y la alimentación de aves acuáticas.
Por todo esto, los beneficios de conservar los ZEC van más allá de lo ecológico. Estos espacios aseguran servicios ambientales esenciales como agua limpia, aire puro, control de inundaciones y recreación en la naturaleza. Además, ofrecen oportunidades económicas ligadas al turismo sostenible, la producción extensiva respetuosa y la investigación científica. Apostar por su protección es invertir en salud, seguridad y calidad de vida.
La restauración fluvial del río Asón y afluentes en Ampuero y reducción del riesgo de inundación en las zonas urbanas cuenta con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), financiado por la Unión Europea – NextGenerationEU.